Relativo a las
prensas mecánicas utilizadas para la impresión de un periódico, La
Ilustración de Madrid señala que el número de periódicos que se tiraban por
publicación alcanzaban los 600 ejemplares por hora, el trabajo de seis prensas
comunes. Esto implicaba un trabajo rápido y numeroso, pero a la vez la amplitud
de mercado que se tenía en 1849. Aunque algunos periódicos como El Padre
Cobos anunciaría tener tiradas de hasta de 50 mil ejemplares.
Es tan considerable el número de suscripciones que nos
agobia, que se ha tenido que hacer una segunda edición del primer número y
aumentar en ¡CINCUENTA MIL EJEMPLARES! La tirada del segundo. Suplicamos a
nuestros suscriptores que nos dispensen cualquier falta que puedan experimentar
en el recibo del periódico, y que hagan al momento la oportuna reclamación.
Josep Valls considera que durante este periodo la
prensa progresista en España se mantuvo bajo niveles altos de represión, además
de la sujeción que la Iglesia ejerció sobre la misma. “En realidad, el circuito
comunicativo está copado por
la
Iglesia, que controla el púlpito y la enseñanza.
La Iglesia es la reconocida
propietaria de la cultura, la fijadora y la detentadora de su profusión,
directamente a través de los sermones, la catequesis, el dominio directo sobre
la vida de las gentes; y la enseñanza, escasa. Saber es poder, es la máxima.”
Otro tanto ocurría en México, donde a pesar de existir
un gran número de publicaciones, su periodicidad y duración en el ambiente
periodístico era relativa. A esto se suman las distintas disposiciones en torno
a la libertad de imprenta que en determinado momento restringían las tiradas o
suspensión de los periódicos. No obstante, un dato que ofrece información sobre
el número de periódicos que se tiraban es a partir del número de corresponsales
que aparecen en cada publicación y que, para la mayor parte, abarca gran parte del territorio de
la República Mexicana
y algunas hasta el extranjero, principalmente, Londres, Francia, Madrid y
Estados Unidos. Lilia Vieyra, quien hace un estudio de las publicaciones
mexicanas pertenecientes a la Hemeroteca Nacional de los años de
1822 a 1855, considera que
de las 342 publicaciones periódicas contenidas en este repositorio, “87 son
semanarios, 71 bisemanarios, 60 diarios, 29 trisemanarios, 9 quincenales, 6
revistas mensuales, 3 anuarios, 2 bimestrales, una trimestral y 15 con
frecuencia irregular.”
Además de las 59 que no ofrecen información.
 |
| Prensa mecánica, La Ilustración, Madrid, 31 de marzo de 1849. |
La prensa y sus títulos
Los títulos de las publicaciones periódicas de la primera mitad
del siglo XIX eran la carta de presentación que les identificaba y establecía
sus tendencias, intereses y posturas ante los sucesos que conmovían a la
sociedad decimonónica.
Los títulos definen el carácter político de un periódico, el tipo
de lector y la seriedad o informalidad de su contenido noticioso. Definen a su
vez, las características físicas, el costo y la presencia de ilustraciones o
caricaturas en sus páginas. El título estaba proyectado para atraer la atención
de la futura audiencia, aunque también para atraer la mirada de los colegas
periodistas, de los opuestos políticos y de las mismas instituciones políticas.
El nombre de una publicación debió ser punto cardinal para los periodistas,
éste tendría que disponer de una explicación lógica que sobre todo respondiera
a los principios políticos de los periodistas y del periódico. Y así lo definió
El Universal de la ciudad de México en 1848 y La Iberia de Madrid en
1854, por ejemplo.
El Universal:
He aquí el título que hemos elegido para nuestro
periódico, porque siendo nuestro propósito, decir, inculcar y sostener la
verdad sobre toda materia y doctrina, sin cuya intención nos creeríamos
destituidos del derecho de publicarlo, nos ha parecido que con propiedad
podemos llamarlo Universal, puesto que la verdad es el único norte que
debe guiar al hombre en cuantas cosas y objetos están sometidos a su
conocimiento en el vasto universo: y por eso es también que el Universal
al presentarse al público ofrece una cosa solamente, la verdad.
La Iberia:
He aquí La
Iberia, el nuevo campeón de las doctrinas liberales, que,
con la mano en la pluma y el pensamiento en el pueblo, viene a tomar plaza en
la hoy estrecha área de la prensa periódica.
Antes de entrar en el palenque, La Iberia ha proclamado
muy alto la demanda que le trae al torneo, la IMPARCIALIDAD es su
divisa, la LEGALIDAD
su escudo, la LIBERTAD
su grito de guerra.
De este modo, los
títulos de las publicaciones periódicas pueden clasificarse en diferentes
categorías. Tanto en la ciudad de México como en Madrid, una de las constantes
en los títulos será la referencia a términos políticos que sobre todo
representarán demandas y exigencias políticas. Otra serán los nombres de
animales, aunque también ligados a ciertas palabras que definen el carácter
político de la publicación. De igual forma estarán presentes los titulares con
términos fraternales, los que hacen alusión a instrumentos de cocina, a música,
a enfermedades, a nombres propios, a nombres de aparatos y hasta nombres de
objetos celestes.
 |
| Fr. Gerundio, Madrid, 4 de abril de 1837, p. 2 |
Dentro del primer grupo intervienen, para Madrid:
La Soberanía Nacional,
La Democracia,
El Bien público, La Patria,
El Constitucional y
La
Legalidad. Por parte de
México,
La Nación,
El Eco
Nacional,
El Constitucional,
La Patria y
El Espíritu Público, entre
otros. Estos nombres, representarán además términos políticos que serán materia
de discusión y debate en los editoriales y en los mismos textos
constitucionales. En el segundo grupo intervienen, para el caso de Madrid,
La
Abeja,
El León Español,
El Pájaro Rojo y
El Cangrejo,
y para el caso de México,
El Cangrejo,
El Cuervo Mexicano y
El
Pájaro Verde, entre algunos, aunque en algunos de ellos puede apreciarse la
connotación política, como el color verde que representa la tendencia
conservadora y el rojo lo liberal. En el resto intervienen,
La Cuchara,
El
Cascabel,
La Tos de mi Mamá,
Don Folías,
Don Pancracio,
El Telégrafo,
El Universo, El Universal y
El Iris, entre otros
.
Tras repasar en los nombres de los periódicos, es
notoria la coincidencia de algunos titulares en México y en Madrid. Sin
embargo, a través de los anexos podemos observar que cuando en Madrid
desaparecen determinadas publicaciones con ciertos títulos como El Universal,
El Tiempo, La Cruz, El
Constitucional, El Espíritu Público, El Zurriago, La Sociedad y El
Padre Cobos, entre otros, a los pocos años aparecen en México publicaciones
con el mismo título o viceversa. Llama la atención además que estas
publicaciones por lo regular van a mantener la misma tendencia política, no así
algunas como El Pájaro Verde y El Pájaro Rojo, conservador
uno y liberal el otro. A lo cual podría plantearse lo siguiente: ¿dónde nacían
los titulares de las publicaciones?, ¿por qué eran retomados los periódicos o
sus títulos?, ¿existía conexión entre los periodistas mexicanos y españoles que
retomaban determinada publicación? A esto se añade que en algunos casos los
impresores no serán los mismos, aunque de ambos hemisferios sean españoles los
que establezcan las empresas editoriales. Como el catalán Rafael de Rafael y
Vilá que después de radicar en Nueva York, vendrá a México y establecerá El
Universal en 1848, periódico que en Madrid ya habría aparecido desde 1820,
aunque entonces estaría impreso por el español Tomás Jordán.
[...] quien habría de jugar un papel importante no
sólo en el medio de las imprentas tipográficas, sino también en el ambiente
político mexicano de la época. En el corto periodo que permaneció vinculado a
México entre 1843 y 1855, este personaje se convirtió en uno de los más
célebres editores-impresores de la ciudad, así como un elemento fundamental
para la difusión del pensamiento conservador que se estaba configurando en la
sociedad mexicana.
De vuelta a los títulos, cabe destacar que junto al
nombre aparecía por lo regular el subtítulo de la publicación que en definitiva
precisaba la tirada política de los periodistas o de los grupos políticos
presentes en el periódico. Así estuvieron, por parte de Madrid, Fray
Gerundio. Periódico satírico de política y costumbres; El Zurriago.
Periódico satírico de política, costumbres y literatura; La Iberia. Diario
liberal de la mañana; El Español. Diario de las doctrinas y de los
intereses sociales. Y por México, El Universal. Periódico independiente;
El Daguerrotipo. Revista enciclopédica y universal; La Sociedad. Periódico
político y literario y La
Cuchara. Papelito alegre, entrometido y zumbón,
impolítico y de costumbres. Entre otros, estos subtítulos claramente distinguen
el carácter serio o jocoso de la publicación y si además de político, contenía
literatura o historia, por ejemplo.
Por último, debajo de los titulares permanecía por lo
regular el epígrafe en el extremo superior derecho, éste, al igual que el
título y el subtítulo, constituía el lema o indicación de la política que cada
publicación mantendría y por la cual, los lectores, donde además intervienen los
jurados de imprenta, les reconocerían. Se distingue que, a mayor frecuencia que
en las publicaciones madrileñas, serán las publicaciones mexicanas, sobre todo
conservadoras, las que por lo regular introduzcan un epígrafe. Algunos ejemplos
de esto son
El Universal cuyo epígrafe, de Bernandin de Saint Pierre
fue: “Todo mal tiene por origen algún error, así como todo bien emana de una
verdad.” O el de
La
Sociedad de M. Tullius Ciceron,
que
permaneció a lo largo de doce años: “
Pro
aris et focis certare.- CICERON.
Combatir
por la Religión
y por la Patria.” Aunque también el de algunas publicaciones liberales como La Cuchara, que
a diferencia de las conservadoras, no
retoma un autor: “-¿Por qué se ríe cuando yo paso? -¿Por qué pasa cuando yo me
río?” Estos epígrafes dan muestra de los chusco o serio que podía resultar una
publicación, pero también del tipo de periodistas que redactaban, de lo que
leían, de la ilustración que gozaban y de la política que custodiaban, tanto
como el tipo de lector que esperaban se acercara a leer los editoriales.
Secciones de los periódicos.
[...] en todo caso el concepto
que permite entender el llamado a veces “poder” de los medios no es
tanto el de poder como el de influencia.
En toda producción periodística es importante reconocer la
imagen visual proyectada para cada publicación. Aquí interviene el título, el
número y tamaño de las páginas, el costo y desde luego las partes o secciones
que constituían el periódico y que sobre todo descubren la tendencia política
del mismo y el tipo de lector al que estaba destinado. En la mayor parte de
publicaciones de corte político la imagen proyectada reflejaba la importancia
del texto, del discurso periodístico y político donde interviene el editorial.
Ahí toman lugar los debates, discusiones y polémicas en torno de la política
regional, nacional e internacional, además de las polémicas relativas a los
asuntos eclesiásticos, a las notas del día, a la discusión de una ley o
reglamento o texto constitucional y, desde luego, al debate de los conceptos
que se utilizaban y que se veían afectados por las ideas de tipo liberal,
conservador, moderado, democrático y progresista, entre otras. Peculiaridades
que bien pueden observarse en los títulos de los editoriales.
Lorenzo Gomis considera que en
conjunto todas las secciones de un periódico conforman un mosaico de
información, lo que permitía, como actualmente sucede pero que puede aplicarse
a la prensa del siglo XIX, que el lector leyera sólo los titulares y quedara
enterado parcial o superficialmente del hecho o en su caso pudiera “leer el “lead”
o primer párrafo de una noticia y ya sabrá lo esencial.”
Irma Lombardo sostiene
por otra parte, que el contenido noticioso de los periódicos se conformaba,
dentro de todas sus secciones, por cuatro partes, la destinada “a la diversión,
aquella que trata el elemento instructivo, la abocada a la crítica y la parte
política.”
Así podemos decir que la Sección Editorial, también
denominada, para el caso de México: “Introducción”, “La Situación”, “Parte
Política” o bien llevar el título del periódico, y, en Madrid: “Sección
Doctrinal”, “Historias de la Semana”, “Parte Política” o al igual que en México
llevar el título del periódico, constituía el
núcleo de la publicación, el lugar donde quedaban veladas las cuitas políticas,
la discusión en torno a las ideas políticas y desde luego, la misión de los
periodistas de ilustrar conforme sus idearios políticos.
La “Parte Religiosa” o “Boletín
Religioso”, aparecía por lo regular en las publicaciones de carácter
conservador o moderado, como La
Sociedad y El Pájaro Verde, caso México, o La Iberia y La Esperanza, caso
Madrid, entre otros. Esta sección contenía el santo del día, su explicación, la
celebración eucarística del día o la semana, procesiones y demás asuntos
religiosos. Esta fue una sección que la prensa liberal mexicana no consideró
entre sus páginas, no formaba parte de la ilustración del bien público. Aún
así, esta sección aunque pequeña, siempre se incluía en la prensa de carácter
conservador y por lo regular se incluía en la última o primera página.
En la sección denominada
“Espíritu de la Prensa”
o “Prensa de los Departamentos” se usaba el método de las tijeras. Aquí
generalmente se comentaban las noticias de otros colegas, se discutían sus
editoriales o la aparición de algún periódico y la opinión de éste entre el
círculo de periodistas. Se denotaba quien estaba en contra de la política
apoyada por un periódico y las razones por las cuales consideraban su
desaprobación. Cabe aclarar que no todas las publicaciones incluyeron esta
sección, para algunos era más importante el editorial y su discusión.
La sección de “Avisos” o
“Anuncios” era lo que hoy podríamos denominar la sección publicitaria, sección
que al finalizar la década de los sesenta tendrá mayor demanda. Esta sección
tendrá una gradual apertura en espacio y comercios que se anuncian, En
principio se incluirán los anuncios de ventas de libros de historia,
calendarios o novelas, más tarde serán anuncios de salud, donde intervienen
medicinas, doctores o el descubrimiento de sustancias que ayudan al crecimiento
del cabello. Se incluirán también anuncios de perfumes traídos de Paris,
tiendas de ropa, algunas diversiones públicas como obras de teatro o fiestas de
toros y a la larga, anuncios de casas en venta, empleos que se ofrecen y
negocios de fotografía. Esto muestra el avance de lo que será la publicidad,
pero también el avance en la tecnología y la ciencia, cuestión reflejada en
ambos países. Aquí también se anunciarán los costos de las publicaciones, las
condiciones de la suscripción así como “traspasos, arrendamientos, pérdidas y
diferentes servicios que se ofrecen a la comunidad.”
Otras secciones de importancia
serán la “Parte Oficial” y la “Parte no Oficial” o “Sección de Noticias”, caso
que se verá en la prensa mexicana y española. En la primera aparecerán los
comentarios a los reales decretos, leyes o proyectos de ley que merecen ser
comentadas. En la segunda las noticias extranjeras o del interior de la
república o provincias de España que sean de importancia para la política “o a
la curiosidad, publicándose sin retardo, y procurándose la mayor fidelidad en
las traducciones.”
En
esta sección intervenían además los comunicados referentes a una infracción de
ley o abuso de poder, sin embargo lo que no tenía cabida era hablar de la vida
privada.
La Sección “Folletín”, “Boletín” o “Sección Recreativa”, caso
español de
La Iberia,
era una sección dedicada a la literatura o la historia. Estaba ubicada en
la parte inferior del periódico, era recortable y ocupaba casi toda la página
de los diarios. Ahí aparecían por lo regular novelas, fragmentos de
la Historia de España o de
México o bien un episodio de
la Historia Universal. Ahora, para ganar adeptos a
los periódicos y disponer de un mercado más amplio, esta sección literaria se
publicaba por partes, “sabiamente dosificados que conseguían mantener presente
el interés de las masas a través de la narración de aventuras con una singular
estructura.”
Finalmente, en la última página
y a pié de imprenta, aparecía el nombre de los impresores y la calle donde se
localizaba la imprenta, además de aparecer el nombre del editor responsable de
los artículos sin firma y el lugar de publicación. En México, por ley
republicana y más tarde monárquica, el nombre del editor responsable debió
aparecer en los periódicos, de lo contrario venía la reprimenda o suspensión
del mismo. En España por otra parte, considera Javier Fernández Sebastián, “la
prensa de orientación crítica echará mano de diversos subterfugios para burlar
la censura o hacer frente a las suspensiones, desde el recurso a un peculiar
estilo lleno de alusiones crípticas, hasta la reaparición del mismo periódico
con distinto título.”
Costo y condiciones de las publicaciones.
La prensa no es fuente pasiva, precisamente por su carácter
público, porque su finalidad no es la desinformación desinteresada,
seudobjetiva, sino precisamente interesada en hacer propuestas a la sociedad
que la recibe.
El costo de los periódicos por día, semana, quincena, mes o más,
dependía de la tirada, del tipo de publicación y del carácter político del
mismo. Dependía a su vez de la compra en la ciudad, en la provincia o en el
extranjero. A esto se añade, para el caso de México, que algunas publicaciones
de corte liberal tenían un precio mucho menor que las conservadoras. Esto no
implica una generalidad, pero sí la misión política de los periodistas
liberales de educar al pueblo, caso que para los conservadores sería la
ilustración de la sociedad. Para el caso de España, Josep Valls considera que
en los años treinta surgiría un nuevo periódico que sobre todo va a responder a
los progresos de la época: transportes, medios técnicos y cambios sociales que
“de medio elitista, va a intentar convertirse en medio de masas.”
Así podemos decir que en la mayor parte de
publicaciones del siglo XIX, de México y de Madrid, las condiciones de la
suscripción siempre aparecían al principio o final del mismo. Ahí se detallaba
con precisión la hora de salida del periódico, los precios de suscripción en la
ciudad, en la provincia o en el extranjero, los nombres de los encargados de la
suscripción y el costo de los avisos y comunicados que por lo regular
anunciaban precios convencionales.
El Universal
La administración está establecida en el despacho de
esta imprenta, adonde deberán dirigirse todas las comunicaciones,
reclamaciones, etc. –La correspondencia deberá dirigirse “A LOS EDITORES DEL
UNIVERSAL” franco de porte, sin cuyo requisito no se sacará del Correo.-
El Jorobado
Se admiten anuncios pagando a razón de cuatro cuartos línea de
impresión. Se concede uno gratis al mes a los suscriptores dueños de tiendas y
talleres, no pasando de diez líneas.
Los que exijan el uso de letras grandes para hacerlos más
visibles, pagarán las líneas equivalentes al espacio que llenen.
Las reclamaciones o pedidos sólo se admiten francos de porte.
Tenemos así que los precios de los periódicos en
México iban desde un real y medio como
El Monitor Republicano (diario
liberal) y dos reales o la cuarta parte de un peso plata
El Universal (diario conservador),
hasta el que costaban una cuartilla como
La Cuchara (liberal). Mientras
que en Madrid,
La Ilustración, periódico semanal, costaba 2 reales el
número suelto y 6 reales al mes para la ciudad de Madrid, mientras que en
Provincia su precio ascendía a 8 reales al mes, esto es, dos reales más que en
la ciudad.
El Jorobado, por otra parte, sólo costaba 6 cuartos el número
suelto, mientras que
El Observador diez cuartos.
A esto debe agregarse, que con el paso del tiempo, la implantación de la
publicidad haría que los precios de los periódicos disminuyeran como
consecuencia de mayores rendimientos para el periódico. Tal es el caso de
El
Clamor Público de Madrid que inicia con un precio de 16 reales el mes en
1844 y pasa a cobrar 13 reales en 1864 y de 20 reales en Provincia a 18 reales.
Mientras que para México, un ejemplo es
La Sociedad que de costar 2
reales en 1857, bajaría su precio a 1 real en 1867.
Cada periódico opta por su peculiar modo en el momento de
establecer las tarifas. La tendencia de los periódicos en los países donde la
prensa se desarrolla a su tiempo es igualar las tarifas de las suscripciones,
llegando en los comienzos del siglo XX, a la unificación tarifaria. Pues bien,
en el caso español, las diferencias perviven hasta muy entrado el siglo
siguiente.
Si ubicamos el precio de los
periódicos a otros artículos de la época, podemos decir, para el caso de
México, que un boleto de primera clase en ferrocarril de México a Tacubaya
costaba 1 real, igual que el precio de un boleto en Galerías para una obra en
el Teatro de
la Fama
o
1 kilogramo
de azúcar blanca.
En
el caso de España, 1 real equivalía a la compra de un cuarto de litro de
aceite, esto de acuerdo a los precios de algunos productos de mercado que
anunció
El Clamor Público en 1844 como el aceite, el trigo o la cebada.
A partir de esto se considera
que el costo de algunos periódicos resultaba caro y hasta cierto grado
elitista, porque si bien los niveles de alfabetización aumentarían, el acceso a
ciertos medios de comunicación como la prensa no era igualitario. Esto no
implica que la gente no se enterará del contenido político de los discursos
periodísticos, implica sí el alto costo de los periódicos. Sobre este punto,
Joseph Valls considera que, para el caso de España, la gente vivía
“primordialmente de la tradición oral.” [...] “Genéricamente podríamos afirmar
que la cultura oral desemboca en la audiovisual que la recoge, la reconduce y la sustituye. La escrita, a partir del
hecho económico, por una parte, y retomando el hecho literario, por otra se
afianzará en el XIX, aplicada sobre todo en el hecho político.”
A
esta tradición se unirán los gabinetes de lectura, lugares propicios para
discutir, polemizar y enterarse de los comentarios periodísticos y de la
política en turno, entre otras cosas. Y, a decir de Clementina Díaz y de
Ovando, los cafés, para el caso de México, también harían las veces de
“gabinetes de lectura, de hemerotecas, función pública que cumplían de
maravilla” [...] Los cafés eran también
clubs políticos, centros de
conspiración, de espionaje, refugio de cesantes, vagos, empleados, jugadores,
caballeros de industria, asilo de políticos, periodistas, militares, literatos,
cómicos, “niños de casa rica”, dueños de haciendas, asombrados payos; sitio
ideal para el chismorreo, para despellejar al prójimo, para hacer negocios.”
Bernardin de
Saint-Pierre, Jacques Henri (1737-1814), fue un novelista y ensayista de origen
francés. Al igual que Rousseau, coincide en que la naturaleza es perfecta y
nefasta la civilización. Si las leyes de la naturaleza se aplicaran a los males
sociales, éstos se resolverían y el mundo sería un lugar ideal, donde los
hombres se amarían unos a otros, según la utopía humanitaria que ambos amigos
soñaban. Entre sus principales obras están: Paul et Virginie, ver: http://www.canalsocial.net/Ger/ficha_GER.asp?id=310&cat=biografiasuelta
Díaz
y de Ovando, Clementina, Los cafés en México en el siglo XIX, México,
UNAM, 2000, p. 18-19.