Batalla de Puebla, Patricio Ramos Ortega, 1862. Colección Museo de Historia Mexicana

Batalla de Puebla, Patricio Ramos Ortega, 1862. Colección Museo de Historia Mexicana
Batalla de Puebla, Patricio Ramos Ortega, 1862. Colección Museo de Historia Mexicana

martes, 8 de septiembre de 2009

El partido conservador a través del periódico La Sociedad, 1858

Alejandra López Camacho

Tal es la fuerza y el poder que dan la virtud de los principios conservadores, que en medio del desorden y de la inmoralidad que han difundido las ideas demagógicas, con todos los intereses que han creado y el furor de las pasiones a quien han servido, han podido sin embargo levantarse siempre y disputarles a aquellas victoriosamente el dominio: el sentimiento del catolicismo herido igualmente por la audaz filosofía liberal ha venido también en su auxilio, y a esta unión se ha debido principalmente el que la sociedad mexicana pueda existir aun y haya podido resistir tantos años a los furiosos embates de la anarquía.(1)

El año de 1858 fue un periodo de grandes cambios políticos que sobre todo promovieron el debate de ideas entre los distintos círculos políticos. De una parte se encuentra la entrega del mando de Ignacio Comonfort, quien en determinado momento promovió la fusión de los partidos, desconoció la Constitución de 1857 y apoyó el Plan de Tacubaya. De otra la disputa por el poder entre dos grupos políticos, el constitucional y el reaccionario, que desconoció la Constitución de 1857. Estos acontecimientos provocaron que en el mes de abril de 1858, el grupo político y periodístico que publicaba La Sociedad difundiera un editorial titulado, “El partido conservador”.
Este apartado busca analizar los principios políticos y sociales de la doctrina política conservadora que dieron base a la proyectada legitimidad política de México. Desde el punto de vista de La Sociedad, el término “conservador” remite al pasado, a lo establecido y a la permanencia, pero su significación no concluye ahí. Ante todo es necesario situar el momento en que la palabra es utilizada para simbolizar algo, sea un partido, un grupo o una posición política y social. Robert Nisbet considera que tanto las ideologías como las teologías, “tienen sus dogmas: grupos de creencias y valores más o menos coherentes y duraderos que tienen una influencia determinante en al menos una parte de la vida de quienes los sustentan. En última instancia ambos se refieren al lugar que ha de ocupar el individuo bajo un sistema de autoridad, ya sea divina o secular.”(2)
En el editorial de La Sociedad el término está enfocado a la descripción de los principios políticos de un partido.(3) Y según palabras de los mismos periodistas el término “conservador” abarcaba dos aspectos: la verdad, que era “su eterna base” y la falsedad. Estas dos atribuciones que resultan contradictorias, engloban en su conjunto la bandera de un grupo político que desde 1857 se vio atrapado por las circunstancias políticas, entre las legislaciones reformistas, la fusión de los partidos promovida por Ignacio Comonfort y una guerra civil y la lucha por la recuperación de un gobierno estable y de una legislación conforme los hábitos y costumbres de las naciones hispanoamericanas. (4)

Todas las clases de la República que tienen que perder y todas las clases pobres que desean vivir honradamente con su trabajo, quieren un gobierno que les preste garantías y que tenga respetabilidad. Esta respetabilidad no la han tenido ni la tendrán jamás los hombres de la revolución de Ayutla, ni aun acudiendo como han acudido al más cruel vigor, al más bárbaro despotismo: tampoco la tendrán sus principios disolventes, porque ellos son de tal naturaleza que los rechaza el sentimiento unánime de los pueblos. Por otra parte, y sin perder de vista lo que acabamos de indicar, no cabe la fusión de elementos tan contradictorios y divergentes como son el partido liberal exaltado y el partido conservador del orden de los Estados. Comonfort recurrió a esa medida desesperada, y cayó inmediatamente desplomado sufriendo el desprecio de los suyos y de los extraños. El ejemplo no puede ser más terrible ni reciente. Quien teniéndole a la vista insistiera todavía en la fusión de partidos, merecería sin duda la calificación de insensato. (5)


Así se ve que el editorial denominado el “partido conservador” tenía por objetivo reafirmar lo que a su juicio resultaba legítimo y coherente con las necesidades de la sociedad. Ya se entiende que la palabra “verdad”, tenía relación con los órdenes divino y humano, con las “santas verdades del cristianismo” (6) donde está presente la fe incuestionable en la Divina Providencia y las reglas y mandamientos que ésta impone, con el hacer del hombre en sociedad que a su vez involucraba tres principios: el orden, la justicia y el principio de autoridad. Sobre estos pilares radicaría el deber ser del hombre en sociedad: la moralidad, la ilustración, la razón, el honor, el patriotismo, la paz y la entrega de aquellos que manejan el poder sobre las necesidades de la voluntad nacional, (7) elementos necesarios para el establecimiento de un gobierno conservador que espera la legitimidad política.
Ahora, ¿de qué se deslindaban los periodistas de La Sociedad, como conservadores, frente al gobierno de Tacubaya? Principalmente de su falta de acción frente a una Constitución de 1857 que aun después de haberla desconocido Félix Zuloaga seguía causando confusión debido a que, lo enemigos de la patria, decían los conservadores, querían salvarla. Esto quiere decir, que frente a un Plan de Tacubaya, la Constitución representaba un poder más fuerte, de lo contrario, ¿por qué hablar sobre lo que significaba esa “monstruosa” Constitución y de la debilidad del movimiento de Tacubaya? Así fue importante sacar a relucir todos los trabajos de aquellos que,

...no resignándose a ver perecer la patria llevando su desesperación hasta el extremo, quieran salvarla en su misma agonía, prestarle una mano fuerte para sacarla del sepulcro, reuniéndose a su alrededor para imprimir sobre ella el soplo de la vida, y haciendo suceder a las tremendas convulsiones de la muerte una resurrección gloriosa. (8)

De ahí que la “verdad” también abarcara el principio de autoridad y la representación de un hombre como jefe supremo de la República, que además de ser el “más caracterizado” y gozar de “aptitud en los negocios públicos”, también debía funcionar como centro de unidad y autoridad. Función de los gobernados sería respetar esa autoridad y obedecer la ley. Si esto se cumplía, entonces existiría el deber ser del hombre en sociedad, tanto como el ejercicio de la voluntad nacional, que no la democracia. Es decir, el deber ser del hombre en sociedad, no buscaba el individualismo y la libertad que la democracia de 1857 perseguía, sino el corporativismo emanado de las leyes divinas.

Más de una vez lo hemos dicho: el partido conservador respeta a los hombres de todas las opiniones que tengan talento, ciencia, aptitud e integridad; que no estén afiliados en las oposiciones sistematizadas, en las banderías que se consagran por oficio a los motines y a las revoluciones para medrar a su sombra; que no miren hacia otro fin que el de la paz y de la felicidad de la República. Esos hombres tiene un derecho a ocupar un puesto en los empleos nacionales, según la capacidad e índole de cada uno: pero el partido conservador no puede, ni debe, ni quiere conceder la influencia administrativa a la democracia, porque tiene el convencimiento íntimo y práctico de que esa influencia traería, más o menos temprano, más o menos tarde, la disolución y la muerte de la República. (9)


Cabe mencionar que cuando los periodistas hacen referencia a la caracterización de un hombre, se deduce que están hablando de un hombre reconocido en un cierto círculo social; de un hombre ilustrado, educado y creyente; de un hombre de paz y de principios; de un hombre aclamado por la voz nacional, pero elegido por una minoría que representa al resto. (10)
En este contexto, la “falsedad” y la idea de un gobierno falso, hacían referencia a una serie de fundamentos incompatibles con la noción de verdad. “Falsedad” es antónimo de verdad y en el escrito de La Sociedad, la “falsedad” está en relación con el ataque a las creencias y las costumbres, con la corrupción de las ideas, con la existencia de un gobierno anárquico, con la presencia de teorías abstractas, con la mentira, la guerra y la ambición, pero no con las personas que gobernaban.

Entiéndalo así el partido liberal. La cuestión de gobierno entre los conservadores, no es de personas sino de principios: pero si a veces la cuestión de personas está de por medio, no es jamás para sacrificarla a los principios, sino para dar a estos mayor duración y más grande consistencia. (11)

Así finalmente la legitimidad política quedó proyectada en la existencia de un gobierno con bases verdaderas. Estas bases anularían la democracia y glorificarían las cuestiones sociales donde permanecían las costumbres, las creencias, las tradiciones y la moralidad, además de capacitar al gobierno contra los ataques demagógicos.
Si bien durante este periodo publicaciones como La Sociedad reaparecieron con el objetivo de frenar a la demagogia y regenerar a la sociedad, en ello también estaba presente el objetivo de incrementar el amor a Dios y a la patria. El gobierno de Dios o la autoridad primitiva, como ellos le definían, constituía el principio de toda autoridad y la base primordial de la legitimidad política de los gobiernos mexicanos. Al carecer ésta se carecía de todo cuanto sostenían los principios sociales, de ahí el ataque a la Constitución de 1857 y a las Leyes de Reforma. Y aunque éstas no atacaban directamente las creencias católicas, a juicio del grupo conservador que integraba la publicación sí minaban la autoridad primitiva y destruían los principios sobre los cuales descansaba la autoridad política, el cuerpo social y el territorio. En consecuencia sería inevitable discutir sobre aquellos modelos de nación que pudieran copiar las naciones hispanoamericanas y discutir también sobre una intervención extranjera que ayudara a consolidar y estabilizar un gobierno en México.
A decir de Javier Fernández Sebastián, los conceptos “son por definición indefinibles.” (12) En este capítulo únicamente hemos tratado de acercarnos al léxico utilizado por La Sociedad para hacer política. El estudio de los términos frecuentemente utilizados en este periodo nos ha permitido aproximarnos a la cultura política de la época, a las luchas vividas por aquellos que dieron vida a La Sociedad y desde luego, a la lucha por la conservación y transformación del léxico utilizado para hacer política.
A partir del estudio de estos cuatro conceptos, podemos decir que en Historia no hay significados de las palabras que resulten generales. En el trayecto de estos años, las cuatro palabras evocaron un pasado mejor que la realidad que vivían los periodistas y sin embargo, las cuatro demuestran la preocupación de unos hombres por adecuar la interpretación de las palabras a los nuevos argumentos utilizados para hacer política. Se trata de un periodo en transición, de un periodo que expone cambios y permanencias, de un periodo donde el lenguaje servía para legitimar los proyectos políticos de los distintos actores. En consecuencia se trata de un periodo en el que los sentidos de las palabras cambiaban como cambiaban las políticas en turno.
Partiendo de esas premisas podemos decir que, redactores, impresores, libreros, políticos y miembros del clero que participaban en La Sociedad, aspiraban construir una legitimidad política, durante el periodo de 1857 a 1863, basada en observaciones del pasado, en el estudio de la experiencia, en lo conocido y al mismo tiempo en lo recordado o legado por la Historia. Sin embargo, en ello está presente el problema de la “desgracia” política en la cual se vieron insertos estos hombres que proyectaron un porvenir más venturoso que el presente republicano. De ahí que la legitimidad política en este periodo, se vea inconclusa por varias razones: no existía aceptabilidad hacia su presente republicano, no había orden, paz y tranquilidad política y no había autoridad ni leyes apropiadas para grupos de la sociedad mexicana que reclamaba el respeto a la religión y la concordia entre los hombres.

Citas

1. F. V. Sánchez (Editor responsable), “La democracia en México I.”, La Sociedad, Sección Editorial, T. I, Número 159, México, martes 8 de junio de 1858, p. 1.
2. Nisbet, Robert, Conservadurismo, Madrid, Alianza Editorial, 1995, p. 39.
3. Por “partido”, de acuerdo a lo que se rescata en los editoriales de La Sociedad, se entiende la reunión de un conjunto de personas que militan en la política, pero también, la reunión de ese conjunto de personas en función de ciertas ideas y principios políticos, económicos y religiosos y aun hasta de sus mismas pasiones, que tienen por finalidad, luchar por sostener esos principios en bien de la sociedad en que habitan. Un partido puede llegar a dominar el campo de la política, pero no los principios de otro partido. Además del partido conservador, en La Sociedad se mencionan los siguientes partidos: el liberal o progresista, el partido anárquico, el central, el federalista, el centralista, los partidos bastardos (luchan por intereses particulares), el partido demagógico y el moderado.
4. Cabe mencionar que durante el Segundo Imperio Mexicano la fusión de los partidos fue una política bien aceptada por los periodistas. Entonces se pretendió establecer una política semejante a la del Imperio francés, donde existía la conciliación de los partidos y la presencia de personas ilustradas, respetables y bien intencionadas en el gobierno. Esta política, “...que tan buenos efectos ha surtido en Francia”, opinaban los periodistas, “promete a México días de paz y prosperidad.”, ver: “Conciliación de los partidos.- Un discurso de Mr. De Morny”, La Sociedad, Sección Editorial, México, T. III, Número 383, México, viernes 8 de julio de 1864, p. 1.
5. F. V. Sánchez (Editor responsable), “El partido conservador”, La Sociedad, Sección Editorial, T. 1, Número 109, México, Lunes 19 de abril de 1858, p. 1.
6. F. V. Sánchez (Editor responsable), “La democracia en México I.”, La Sociedad, Sección Editorial, T. I, Número 159, México, martes 8 de junio de 1858, p. 1.
7. Esta serie de ideas van a estar muy presentes en los editoriales referentes a la “Libertad de imprenta” y “La paz”, donde se maneja la idea del deber ser de la prensa como la propagación de lo que es la moral, la virtud o integridad del hombre y la honestidad, además de la propagación de lo que se entiende por civilización y orden social, ver: F. V. Sánchez (editor responsable), “Libertad de prensa”, La Sociedad, Sección Editorial, T. I, Núm. 43, México, Jueves 11 de febrero de 1858, p. 1 y, F. V. Sánchez (Editor responsable), “La paz”, La Sociedad, Sección Editorial, T. I, Núm. 173, México, viernes 22 de junio de 1858, p. 1.
8. F. V. Sánchez (Editor responsable), “Consideraciones sobre la situación. (Artículo 2°). Primera exigencia de ella”, La Sociedad, Sección Editorial, T. 1, Núm. 4, México, Martes 29 de diciembre de 1857, p. 1.
9. F. V. Sánchez (Editor responsable), “El partido conservador”, La Sociedad, Sección Editorial, T. 1, Número 109, México, Lunes 19 de abril de 1858, p. 1.
10. Interesa mencionar que cuando los periodistas niegan la existencia de un gobierno democrático no están negando la posibilidad de un gobierno republicano, por el contrario, le reconocen y aceptan siempre que no recaiga en la anarquía y el desorden. Lo que descartan es la falta de autoridad porque esto destruye la sociedad. Bajo esta circunstancia aparecía la ilegitimidad de un gobierno, fuera republicano o monárquico.
11. F. V. Sánchez (Editor responsable), “El partido conservador”, La Sociedad, Sección Editorial, T. 1, Número 109, México, Lunes 19 de abril de 1858, p. 1.
12. Javier Fernández Sebastián, “¿Qué es un diccionario histórico de conceptos políticos?”, en: www.foroiberoideas.com.ar